Mi llegada a Asia y mi encanto por Singapur

Por: Nora Guevara

En enero de 2014 mi esposo me dice “amor, nos vamos para Asia, vamos ahora a vivir en China“, en ese entonces vivíamos en Holanda.

En Agosto del mismo año, mis pies aterrizaron en Shanghai ilusionada por encontrar a la antigua China, a esa ajena cultura pero al mismo tiempo tan conocida por haber conquistado al mundo entero con sus infinitas clases de productos de todo tipo, precio y calidad.

Primera impresión: ¡Oh no…llegué al lugar equivocado!

Para resumirlo en unas cortas líneas, la experiencia de llegar a Shanghai fue increíble pero vivir ahí no tanto. La ciudad es impresionante, es definitivamente una de las más grandes e importantes metrópolis del continente asiático y hasta del mundo. Tiene esa energía que te captura y te lleva a vivirlo y sentirlo todo al extremo. Tu ánimo sube y baja, la amas y la odias, “ya sabes: es de las culturas más ajenas al mundo occidental”. Para mi fue vivir intensamente todos los días y salir a la calle siempre haciéndome la misma pregunta ¿Hoy que irá a pasar?, siempre pasaba algo que no esperaba.

Fue interesante y me siento feliz de haberlo vivido, pero simplemente no fue la ciudad ni el país para mi. Estoy feliz de haber tenido esa experiencia en mi vida; tengo mil historias para contar que van desde la risa hasta cualquier tipo de emoción que se pueda sentir; y bueno, podría escribir miles de páginas hablando solo de este país. Solo me queda decir que de allí, de esa cultura tan ajena me quedó eso… los recuerdos y lo que en la casa decimos, nuestro pedacito de Shanghai, Foxy nuestra perrita a quien recogimos de la calle y quien nos tiene completamente enamorados.

Después de casi un año de vivir en China mi esposo me dice: “Nos vamos esta vez para Singapur”. Acepto que no me emocioné mucho, no porque no creyera ni tuviera alguna idea de este país, sino porque no quería exceder mis expectativas así como lo hice anteriormente y después sin esperarlo no estar 100% satisfecha con la decisión.

Mi llegada a Singapur

Aquí estoy, llegué hace 6 meses y no quiero decir sino gritar: ¡Estoy feliz! En el corto tiempo que llevo acá he sentido por primera vez en mucho tiempo que estoy en mi casa.

La gente, la comida, la escena de bares, restaurantes y fiestas; eso sin mencionar el orden, y mi tan añorada tranquilidad que me da salir a las calles y sentir que todo funciona, me da la sensación de poder por fin, así como decimos nosotros los colombianos, empezar a echar raíces.

Puede no ser perfecto, porque realmente nada lo es, pero que rico poder decir: ¡Para mi lo es!
Es cálido, empezando por su clima, las sin número de culturas que conviven en esta isla que fácilmente se puede recorrer de extremo a extremo  en una hora, saber que es uno de los principales centros de negocios del mundo, el verde que hay en cada rincón de la ciudad, los parques y hasta los micos, ardillas, lagartijas y sin número de animales que también hacen parte de esta sociedad, hacen que mi estadía acá sea aún más cautivante.

En el corto tiempo que hemos estado en Singapur, junto a mi esposo ya hemos ayudado a dos adorados perros a encontrar familia. El primero, un Border Collie, extremadamente bien educado, pero que por alguna razón su familia anterior no lo quiso más y decidió abandonarlo en las calles de la ciudad… Pero gracias a su ternura y ojos que cautivan consiguió muy rápido creemos nosotros, al mejor adoptante que pudo encontrar: un indonés que semanalmente lo lleva a la playa, a los distintos parques y qué decir, hasta a trabajar con él.

El segundo, un cachorrito sin raza alguna (de la calle), avispado y juguetón que también gracias a esa perplejidad y energía enamoró a una familia sueca que aún apunto de dejar atrás Singapur, pues ya habían decidido volver en junio a su natal país, decidió empezar trámites de documentos para llevarlo junto con ellos para darle todo el amor y la vida que este pequeñín se merece.

La verdad es esa, estoy  maravillada de vivir aquí, en Singapur, un país que para muchos en nuestra amada Colombia no existe, no les llama la atención o saben muy poco de él. Esta isla-nación, les cuento, se ganó mi corazón y admiración desde el primer momento.

Vale la pena despertarse todos los días queriendo salir a recorrer las calles, las distintas zonas y barrios de la ciudad, como Little India, Chinatown, Clarke y Boat Quay; ir un sábado al Jardín Botánico por la mañana y quedarse en Dempsey Hill para almorzar y pasar la tarde; ir a correr a East Coast Park teniendo de escenario la playa, el mar y hasta los miles de barcos que a diario transitan; y qué decir, hasta coger de vez en cuando un Ferry para desplazarse a las islas cercanas para pasar un día de picnic.

Me siento feliz de seguir estando en Asia y de vivir aquí, en Singapur. Mis proyectos siempre se dirigieron hacia otras partes del mundo, nunca en este continente, pero la vida misma se encarga de llevarte por los caminos menos esperados y sorprendentes. Asia tiene demasiado que ofrecer y mostrar; cada país es completamente distinto al otro; su gente, el idioma, la comida… y qué decir de los paisajes, de la infinidad de islas y de playas. Y que rico es poder decir que también desde acá, desde Singapur, hasta viajar es más fácil y económico.

Nos hemos cruzado con personas increíbles en esta ciudad y no hay más palabras para decir sino ¡Gracias Singapur!

Entonces sí, me la he gozado y creo me la seguiré gozando por un buen rato más.

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2 comentarios en “Mi llegada a Asia y mi encanto por Singapur

  1. Qué buena historia y muy bien redactada. Lo haces a uno seguir y vivir todo el recorrido que has hecho y que buenas obras has realizado con esos tus hijos peluditos. Me encanto todo el relato y me fascinaron las fotos.

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  2. Yo como tú soy Colombiama y llegue a Singapore en Enero del 2010 con mi esposo Americano y fue amor a primera. Vista nos enamoramos perdidamente de la ciudad país, su gente y su comida y el grupo de Colombianas que han sido como mi familia allá. Me dediqué a recorrer a pie todos sus rincones maravillosos. Yo digo que fueron 3 años y medio de vacaciones; la limpieza, organización, la seguridad y el orden, para no acabar. I left my heart in Singapore. -Yolanda Regan Ibarnegaray

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